
Casi nunca percibimos un color como es en realmente; el color es uno de los medios más subjetivos en la comunicación visual.
Se sabe que en la percepción visual existe una gran diferencia entre el hecho físico del color y el efecto psicológico que éste nos provoca. Según observó el diseñador Joseph Albers, en un estudio realizado con la Vale University Press en los años 60 , si decimos “rojo”, ante varias personas distintas, con seguridad estaremos provocando la evocación de tantos tonos de rojo como personas nos escuchen. Incluso identificando el color diciendo, por ejemplo, “Rojo Coca-Cola”, que es un color único, estas personas recrearan colores muy distintos.
Pero incluso si entregamos cartulinas de color rojo a cada uno de los presentes, siendo una de ellas el “Rojo Coca-Cola”, podemos tener la certeza de que ninguno de ellos coincidirá en la cartulina elegida, y muy pocos puede que acierten a elegir el color exacto. Esto nos demuestra que es prácticamente imposible recordar con precisión un color. Nuestra memoria visual es mucho más pobre que a nuestra memoria auditiva. Podemos recordar una melodía con sólo escucharla una vez, pero es prácticamente imposible que recordemos un color con exactitud, a pesar de haberlo visto miles de veces.
Otra limitación en la identificación popular de los colores proviene del hecho de que la nomenclatura popular de los colores es muy corta. A pesar de que técnicamente nos movemos en un mundo en el que nos rodean varios millones de colores identificados, y todos sus matices, el vocabulario popular no emplea mucho más de treinta nombres para denominarlos, por eso en el entrono profesional, e industrial, es necesario un sistema de normalización del color, que nos permita una correcta gestión y reproducción de los colores.
La normalización del color es una reglamentación, que nos permite utilizar unos términos comunes, gracias a los cuales estamos seguros del color que se desea emplear. Eliminando (casi siempre) los problemas de reproducción.Antes de que en 1962 Lawrence Herbert creara el sistema Pantone, no existía una normalización del color, ni un sistema de color universalmente aceptado en las artes gráficas, el diseño, y la industria de fabricación de bienes. No se podía seleccionar,especificar, controlar o comunicar con garantía la mayor parte de los colores.
Lo más habitual entonces para indicar un color, era hacer referencia al catalogo de colores de algún fabricante de tintas concreto, o bien adjuntar una muestra.
El problema de utilizar la referencia de un fabricante de tintas, era que cada fabricante empleaba formulas diferentes y denominaba sus colores de forma diferente. Así que los impresores tenían que emplear multitud de guías, e intentar reproducir el color enviado por el cliente, con mayor, o menor, acierto.
Este método de prueba y error era lógicamente poco preciso, costoso, y exigía muchísimo mucho tiempo. Por eso en 1963 se presento Pantone Matching System, que se ha convertido en el estándar industrial.