El comercial
Domingo, 29 de Marzo, 2009
Me encanta el personaje del comercial que ha construido Arturo Valls en Camera Café, porque es real, conozco a ese tipo con media docena de nombres distintos, lo conozco con corbata y con faldas, en empresas de tres al cuarto y en multinacionales, con mondadientes y esclava de oro, o con un Audi A6, con tarjetas de agente comercial, o con PDA de business manager, pero siempre es “el comercial” igual de odioso,sociable, vividor, crapula y golfo.
Porque los comerciales son muy sociables en el buen y en el peor sentido, son muy “corto placistas”, se orientan a soluciones rápidas, parece que su único objetivo es vender, vender y vender, facturar, facturar y facturar…Viven inmersos en un maratón diario de visitas y llamadas, atrapados entre reportes de resultados, suelen quedarse encerrados en un bucle del que les resulta muy difícil sacar la cabeza. Pero, son los que traen las habichuelas a las empresas, son los que saben lo que pasa en la calle, son los únicos que consiguen que el cliente se sincere y diga lo que de verdad no le deja dormir, y eso es muy-muy-muy difícil. Exige carácter, dedicación y atención, dejarse la oreja en el teléfono, tirarse horas escuchando a los clientes, y hacer un montón de cosas que la “gente de oficina” no solo no sabe, sino que desprecia y detesta.
Se suele hablar mucho de la orientación al usuario, de escuchar al usuario, pero también tenemos que escuchar al cliente, y conocer al cliente, y el equipo comercial tiene esa capacidad innata de empatía con el cliente, que le permite lograr unos niveles de sinceridad por parte de los clientes que ya lo quisieran todos los consultores del mundo juntos.
Tenemos que tratar con los comerciales para saber que quiere y necesita de verdad el cliente, pero también para que el comercial sepa que podemos y sabemos hacer por el cliente.
A mí, lo confieso, me gusta tomar un café con los comerciales, acompañarles a ver clientes insatisfechos y tomarme una copa de vez en cuando con ellos, aprendes lo dura que es la calle, donde le aprieta el zapato al mercado, como va la empresa que te sostiene, y porque además ¡qué coño¡ se saben unos chistes tan malos que me matan de risa :)