La estética en la Edad Media
Viernes, 18 de Noviembre, 2005
Beato de Liébana
Tras la visión intelectualista que sobre la Estética aportaron los Griegos la primera filosofía cristiana propone una Estética en torno al componente religioso que propiamente al tema de la estética, de hecho existían fuertes recelos hacia la belleza y las artes pues se consideraba que tales temas ponían en peligro el espíritu, que a la postre parece ser lo que más les interesaba, además de que el conocimiento existente por entonces sobre las artes estaba muy ligados a la cultura de Grecia y Roma lo que no dejaba de partida en muy buen lugar el tema.
Fueron la pintura y la escultura las formas artísticas más aceptadas como parte de la representación litúrgica necesaria y su utilidad didáctica, también aceptaban la literatura como parte de la educación.
Por tanto desde esa perspectiva “funcional” de las artes, el tema de la estética casi no aparece en la filosofía medieval salvo excepciones como Juan Escoto Erígena y San Buenaventura que desde una perspectiva fundamentalmente teológica proponían una idea del arte como símbolo donde tanto la naturaleza como las expresiones artísticas son símbolos de algo que los trasciende: Dios. El arte como parte de una naturaleza creada por Dios y por tanto símbolo de él.
Considerada la proporcionalidad en su concepto de forma, se llama hermosura, la hermosura y el deleite no existen sin cierta proporción; y ésta primariamente consiste en el número
San Buenaventura
Aunque estas reflexiones fueron más teológicas que estéticas, han sido fundamentales en la historia posterior de la estética, su relación con la metáfora y el símbolo, la reflexión sobre la interpretación de obras artísticas y creando la posibilidad de una filosofía de las formas simbólicas, en la que el arte es siempre un símbolo.
En la parte práctica, la aplicación de la estética en la época medieval tiene dos vertientes fácilmente distinguibles y que en cierta forma también han perdurado e influido en las posteriores interpretaciones de la estética.
Por un lado esta una corriente que defendía el uso de los materiales más nobles y preciosos en las obras de arte y arquitectura como elementos de enaltecimiento de la adoración que podría representar, que como diría el Abad Suger: “confieso que las cosas más costosas, las más caras, deberán servir, primero y ante todo, para la administración de la sagrada Eucaristia”
La otra tendencia seria la representada por los San Bernardo de Claraval y la orden del Cister que pretendían eliminar el exceso en que había caído los Benedictinos promoviendo una estética basada en una austeridad casi pre-minimalista.


