¿Qué es la belleza?
Martes, 18 de Enero, 2005Difícil, por no decir imposible, resulta tratar siquiera de definir la belleza. Sin, por ejemplo, se pregunta que es lo bello y se responde que lo que proporciona un determinado placer a la vista, al oído o, de manera más material, al tacto, sería necesario añadir qué clase de placer proporciona, y naturalmente no podría explicarse con claridad. Querer definir lo bello es como querer definir un color; cuando se pregunta qué es lo que quiere decir azul, según Carrir a nadie se le ocurriría responder: “azul es un movimiento cerebral originado por la estipulación de los nervios ópticos ante determinada vibración de la luz”, más bien se busca un punto de referencia, y señalando una flor, unos ojos o el firmamento, se contesta: “eso es azul”.
¿Lo útil es lo bello? No, lo bello es sutil porque esa misma capacidad provoca placer al ser admirado, pero algo útil no siempre es bello. Tampoco lo agradable es necesariamente bello, una buena digestión o una buena siesta son sin duda agradables pero no podemos decir que una siesta sea “bella” (claro que para algunas personas una siesta pueda rozar la categoría de obra de arte ;-).
Por otra parte, a ciertas cualidades se les califica como algo bello, la virtud, la bondad o la verdad, también al espíritu humana se le da tal calificativo, a algún gesto generoso se le estima como tal. Se habla de la belleza en las flores, en las mañanas, en el mar, de la misma manera que se considera bello un poema, una sonata o una catedral.
De conformidad con todo lo expuesto a la pregunta inicial qué es lo bello, Carrit opina que la mejor respuesta parece ser: “Una cosa es bella cuando es una cosa sensible, que agrada por la significación o sentido que tiene para nosotros”, debiendo ser naturales o inmediatas en el objeto estas cualidades.
Contribuyen a considerar lo bello cualidades secundarias: forma, color, sonido, proporción, etc., las cualidades del sujeto: cultura, temperamento, imaginación y aun su estado de ánimo.
Como antítesis de la belleza se encuentra la fealdad, si bien ha existido siempre, fue Ulrico de Engelbert el primero en reflexionar acerca de la naturaleza de lo feo y lo grotesco. Inicialmente se le consideró como la ausencia de belleza, como algo carente de proporción y armonía, incluso hasta muy avanzado el Renacimiento se pensó que el propósito de la existencia de lo feo y lo grotesco era inducir por razón de contraste, a una más clara percepción de la belleza.
Este concepto ha variado y aunque se ha llegado a afirmar que la fealdad le son necesarios la proporción y el orden, actualmente se considera la fealdad no como un contraste solamente, pues aun opuesta a la belleza constituye una categoría estética tan susceptible de expresarse en el arte como lo bello. Siguiente a Farré se diría que el vaho de lo feo exige también consideración estética.
Por eso algunos autores para evitar confusiones y no caer en la paradoja de considerar que hay fealdades bellas, en vez de hablar de que el arte es la representación de la belleza, lo consideran como la expresión de valores estéticos, incluyendo toda la gama de contenidos que puedan ser volcados en una obra de arte.
Es cierto que la reacción frente a la belleza (o a lo sublime o lo gracioso) es diversa a la que se experimenta cuando se contempla en el arte la fealdad, lo vulgar o lo grotesco; la belleza inunda el espíritu de armonía, de paz, es, dice Hegel, como si el hombre se acercara a lo divino; el efecto que causa la fealdad es deprimente. Lo feo representa para Farré lo que el error y la mentira con relación a la verdad, lo que el vicio en relación con la virtud; según el propio autor, ¡qué mundo de profunda desolación se expresa en la fealdad y la miseria de la vida humana y sin embargo, qué valiosas son tales obras aunque no sean la expresión de la belleza!